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Un funeral más, muchos dollares extra

Un funeral más, muchos dollares extra

Transmite Internet las honras fúnebres de Michael Joseph Jackson. Docenas de comentaristas cuentan paso a paso lo que sucede y lo que se espera sucede. Luego de un largo viaje por las solitarias autopistas de Los Ángeles, se lleva a cabo una artístico-familiar-show despedida.

En medio de este mar de imágenes he llegado a una conclusión trascendental: Michael Jackson es un producto, y como tal, está vivo, ahora más que nunca. Tras la muerte de ese cuerpo que usaban sus productores y manejadores para vender baile, música, moda, viajes, pasiones y todo aquello que se nos ocurra se puede vender; se logrará vender más. De hecho, al menos en Internet, ha vendido más muerto que vivo.

Pero que digo!… si este excelente producto seguirá siendo exitoso mientras los consumidores que ni siquiera comprenden lo que fueron los Jackson Five, o que simplemente lo acaban de conocer sigan comprando virtualmente todos estos, ahora valorizados, productos, acompañados de los consumidores de nostalgia que nunca son despreciables.

Ahora, la imagen de una niña, que en otro contexto dirían que es ‘hija del lechero’ o ‘del cartero’, quiebra su voz mientras dice que ‘fue el mejor padre del mundo’. Una lágrima se escapa de nuestra más profunda sensiblería familiar. Mientras las ‘virtual basket’ o los ‘carritos de compra’ siguen llenando los bolsillos de los productores y de esa ambiciosa familia, Michael nunca morirá!

Nos olvidaremos de ese pedazo de carne que ha ido al cementerio. Nos olvidaremos de las lágrimas de su pequeña. Pasarán los días y lo único que quedará serán todo este mar de productos de merchandising, los actos de ‘homenaje’ in memoriam y el nombre, que mientras sea rentable no morirá.

Todos serán culpables de enfermar

Todos serán culpables de enfermar

Los medios de comunicación y, en especial, Internet se han convertido en los mayores propagadores de esta pandemia.

Estos días del final de abril y principio de mayo del 2009 se ha caracterizado por una vertiginosa avalancha de datos y, sobre todo, de temores. Una variación de un virus que utiliza los cerdos como espacio para su mutación se ha expandido a los humanos. Aunque esto podría convertirse en una Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países, la verdadera pandemia está sucediendo en los medios, especialmente, en Internet.

La firma Nielsen Online, ha anunciado que un 6% de los mensajes de los blogs y otros espacios en los últimos días están referidos a la mal denominada influenza porcina. De hecho, buena parte de los mensajes en mis buzones de correo, en esta semana, repiten ecolálicamente las mismas recomendaciones, que se pueden ver en todos los noticieros nacionales e internacionales.

Lo que estos medios y sus mensajes dicen en voz baja es que los casos comprobados en el mundo son alrededor de trescientos, sin perjuicio de los nuevos que se comprueben en estos días, y que el número de muertes confirmadas están en unas doce. Ya la OMS ha dicho que la fuerza de esta gripe es menor del pensado y mucho menor que la de la gripe aviar.

Lo que esta quedando muy claro, es la capacidad mediática, de movilizar a las poblaciones, incluso en contra de los demás. Al revisar lo colocado sobre el famoso caso cero, deja la sensación de querer culpar a un pequeño, que su única culpa es la de haberse enfermado y curado sin saber qué enfermedad tenía y con un tratamiento casi casero. Aunque estuvo muy cerca de morir, sobrevivió. Lo cual confirma, junto con las cifras que no es algo imposible de curar y que es tan mortal como otros virus. Necesitamos más mensajes de cordura y mucha, pero mucha investigación. Menos paranoia y  mejor información es lo que necesitamos. El resto son elementos obvios, como lavarse las manos y no toserle a la gente en la cara, menos cuando se tiene una gripe.

La impertinencia de los celulares

Usan el celular desde el indigente, hasta el presidente

Usan el celular desde el indigente, hasta el presidente

No quiero parecer como uno de esos conservadores que se limitan a quejarse y a repetir sin cansancio, como si fuera la solución a todos los problemas, la trillada expresión de Todo tiempo pasado fue mejor. Pero cuando una tecnología, que debe estar para mejorar nuestra vida, comienza a afectarla de manera negativa se hace necesario buscar cómo y porqué nos afecta y sugerir soluciones, que pueden pasar hasta por movimientos contraculturales.

El celular es uno de esos desarrollos tecnológicos que más impacto han logrado tener en nuestra sociedad. Prácticamente no existe persona que no tenga uno y, en muchos casos varios. Desde el ingente hasta el presidente, todos usamos esta tecnología y, de verdad, ha hecho la vida mucho más sencilla, rápida y confortable.

Pero rápidamente, también el celular se ha convertido en la imposición del que llama sobre quién recibe la llamada. Anteriormente al celular, si no se estaba disponible, simplemente la razón, la pregunta, el comentario, el chiste o el regaño se dejaba para más tarde o, en los casos más afortunados, se grababa en el contestador automático. Actualmente, no importa la hora y la actividad que se este realizando, es un imperativo que se conteste a cualquier llamado.

La impertinencia del celular hace que todo el que ha llamado espere respuesta inmediata y, en muchos casos inequívoca. Cuando esto no ocurre suceden Toto tipo de expresiones y de preguntas que llegan, en la mayoría de casos, a ser groseras. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no me contestó? “Lo llamé varias veces”. Muy pocos llamantes, o casi ninguno, se atreven a usar ese maravilloso invento que es el buzón de voz. Casi siempre son expresiones posteriores. Y cuando nos encontramos en el papel de quien llama, pues esperamos la respuesta inmediata, sin importarnos si a quien llamamos se encuentra en el baño, dormido, haciendo el amor, manejando, sumergido en el mar, comiendo, haciendo deporte, tomando una fotografía, en una reunión, atendiendo otro llamado, en una entrevista laboral, sufriendo un infarto, en un avión, en una clase o simplemente no quiere atender el teléfono en ese momento.

Menos “ismos” más construcción de conocimiento.

Recientemente he leído, un poco por obligación, el planteamiento de George Siemens sobre el conectivismo (disponible en inglésy en español ). Resulta interesante, en inicio, el intento del profesor Siemens en incorporar miradas contemporáneas como la teoría del caos en la reflexión sobre cómo aprendemos. Pero resulta inquietante, al menos en el planteamiento, la forma como se construyen argumentos a partir de profundos desconocimientos.

El primer desconocimiento corresponde a uno de los planteamientos iniciales, donde ubica a las teorías “clásicas” del aprendizaje como “desarrollas en una época en la que el aprendizaje no había sido impactado por la tecnología” (Siemens, 2004). Este presupuesto aleja el aprendizaje de la tecnología y borra, de un solo plumazo, toda la reflexión que la filosofía ha hecho de la apropiación que hemos hecho de todo lo que llamamos tecnología.

Obviamente todas estas reflexiones le han aportado a la forma como vemos la educación, y esta ha sido afectada de alguna manera no sólo por la reflexión misma sino por las propias tecnologías. Cada época se podría caracterizar por alguna tecnología y cada nación ha sido desarrolladora de múltiples de estas. De hecho, como plantea Castells (1999) sobre “el dilema del determinismo tecnológico probablemente es un falso problema, puesto que tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin sus herramientas tecnológicas.”

Es posible que la educación en su praxis no haya aplicado, o que por diversas causas tenga dificultades para acercar las nuevas tecnologías a su forma tradicional. Pero para nada éstas cuestiones representan incapacidades de las teorías del aprendizaje para intentar explicar las formas como aprendemos los humanos. Otro tema es la forma como, a partir de pre-programaciones o de replicar estructuras humanas algunos artefactos logren responder de manera autónoma ante retos concretos.

La mayoría de las preguntas, la mayoría de los problemas del aprendizaje no aparecen siquiera insinuados en la formulación de esta supuesta nueva teoría del aprendizaje. Se hace necesario, entonces, revisar las preguntas, los problemas, que se han planteado las diferentes teorías del aprendizaje y, a partir de allí formular o incluso reconstruir las nuevas problemáticas y reconocer aquellas que siguen estando vigentes. Definitivamente no se trata de un borrón y cuenta nueva, se trata de un reconocimiento de que la complejidad de muchos procesos se debe analizar desde la complejidad de múltiples teorías.

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