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Archivos Mensuales: marzo 2009

La impertinencia de los celulares

Usan el celular desde el indigente, hasta el presidente

Usan el celular desde el indigente, hasta el presidente

No quiero parecer como uno de esos conservadores que se limitan a quejarse y a repetir sin cansancio, como si fuera la solución a todos los problemas, la trillada expresión de Todo tiempo pasado fue mejor. Pero cuando una tecnología, que debe estar para mejorar nuestra vida, comienza a afectarla de manera negativa se hace necesario buscar cómo y porqué nos afecta y sugerir soluciones, que pueden pasar hasta por movimientos contraculturales.

El celular es uno de esos desarrollos tecnológicos que más impacto han logrado tener en nuestra sociedad. Prácticamente no existe persona que no tenga uno y, en muchos casos varios. Desde el ingente hasta el presidente, todos usamos esta tecnología y, de verdad, ha hecho la vida mucho más sencilla, rápida y confortable.

Pero rápidamente, también el celular se ha convertido en la imposición del que llama sobre quién recibe la llamada. Anteriormente al celular, si no se estaba disponible, simplemente la razón, la pregunta, el comentario, el chiste o el regaño se dejaba para más tarde o, en los casos más afortunados, se grababa en el contestador automático. Actualmente, no importa la hora y la actividad que se este realizando, es un imperativo que se conteste a cualquier llamado.

La impertinencia del celular hace que todo el que ha llamado espere respuesta inmediata y, en muchos casos inequívoca. Cuando esto no ocurre suceden Toto tipo de expresiones y de preguntas que llegan, en la mayoría de casos, a ser groseras. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no me contestó? “Lo llamé varias veces”. Muy pocos llamantes, o casi ninguno, se atreven a usar ese maravilloso invento que es el buzón de voz. Casi siempre son expresiones posteriores. Y cuando nos encontramos en el papel de quien llama, pues esperamos la respuesta inmediata, sin importarnos si a quien llamamos se encuentra en el baño, dormido, haciendo el amor, manejando, sumergido en el mar, comiendo, haciendo deporte, tomando una fotografía, en una reunión, atendiendo otro llamado, en una entrevista laboral, sufriendo un infarto, en un avión, en una clase o simplemente no quiere atender el teléfono en ese momento.

Menos “ismos” más construcción de conocimiento.

Recientemente he leído, un poco por obligación, el planteamiento de George Siemens sobre el conectivismo (disponible en inglésy en español ). Resulta interesante, en inicio, el intento del profesor Siemens en incorporar miradas contemporáneas como la teoría del caos en la reflexión sobre cómo aprendemos. Pero resulta inquietante, al menos en el planteamiento, la forma como se construyen argumentos a partir de profundos desconocimientos.

El primer desconocimiento corresponde a uno de los planteamientos iniciales, donde ubica a las teorías “clásicas” del aprendizaje como “desarrollas en una época en la que el aprendizaje no había sido impactado por la tecnología” (Siemens, 2004). Este presupuesto aleja el aprendizaje de la tecnología y borra, de un solo plumazo, toda la reflexión que la filosofía ha hecho de la apropiación que hemos hecho de todo lo que llamamos tecnología.

Obviamente todas estas reflexiones le han aportado a la forma como vemos la educación, y esta ha sido afectada de alguna manera no sólo por la reflexión misma sino por las propias tecnologías. Cada época se podría caracterizar por alguna tecnología y cada nación ha sido desarrolladora de múltiples de estas. De hecho, como plantea Castells (1999) sobre “el dilema del determinismo tecnológico probablemente es un falso problema, puesto que tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin sus herramientas tecnológicas.”

Es posible que la educación en su praxis no haya aplicado, o que por diversas causas tenga dificultades para acercar las nuevas tecnologías a su forma tradicional. Pero para nada éstas cuestiones representan incapacidades de las teorías del aprendizaje para intentar explicar las formas como aprendemos los humanos. Otro tema es la forma como, a partir de pre-programaciones o de replicar estructuras humanas algunos artefactos logren responder de manera autónoma ante retos concretos.

La mayoría de las preguntas, la mayoría de los problemas del aprendizaje no aparecen siquiera insinuados en la formulación de esta supuesta nueva teoría del aprendizaje. Se hace necesario, entonces, revisar las preguntas, los problemas, que se han planteado las diferentes teorías del aprendizaje y, a partir de allí formular o incluso reconstruir las nuevas problemáticas y reconocer aquellas que siguen estando vigentes. Definitivamente no se trata de un borrón y cuenta nueva, se trata de un reconocimiento de que la complejidad de muchos procesos se debe analizar desde la complejidad de múltiples teorías.

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